Copenhague espera a la historia

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Doce días, 190 naciones y 15.000 participantes hablando de lo mismo. Una ciudad con expectativas de dejar su impronta en la historia. Copenhague espera. Se despide Kioto, o acaso se transforma.

Mañana comienza la Conferencia sobre el cambio climático de la ONU. Las expectativas son altas y los jefes de Estado y de Gobierno que acuden a Dinamarca tienen una atmósfera concienciada y el viento a favor. Se impone la necesidad de reducir las emisiones de CO2 y esto pasa por cambiar los esquemas de una economía basada en los combustibles fósiles.

Mientras los líderes mundiales se atrincheran en la capital danesa en busca de un acuerdo, la flor y nata de las multinacionales más poderosas del mundo se reunirán en el castillo de Kronborg de Hamlet, a las afueras de Copenhague, para participar en el debate. No tienen poder en la toma de decisiones, pero compañías como Exxon o Wall Mart registran una facturación mayor, por ejemplo, que el PIB de toda Suecia, y sus fábricas se extienden por todo el globo.

«Lobby» empresarial

«De las 100 economías más grandes del planeta, hoy por hoy, 54 son compañías», apunta José Luis Blasco, socio responsable de asesoramiento en RSC de KPMG. El poder de influencia sobre la posición de los líderes mundiales parece bastante potente. Y la línea seguida en los últimos años por muchas de ellas juega en beneficio de un acuerdo contundente que sustituya Kioto.

Representantes de Coca-Cola, Goldman Sachs, Microsoft, Schneider Electric o China Power International Development tienen en Copenhague evento propio y han sido llamadas a aportar ideas que guíen a la economía en una senda sostenible.

Los primeros ejecutivos son los encargados de liderar sus organizaciones a ser más efectivas. De hecho algunas de las principales compañías del mundo como Ericsson, General Electric, Unilever, American Electric Power o la española Iberdrola han suscrito compromisos voluntarios de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Más eficientes y rentables

Es la muestra de que la filosofía de las compañías está cambiando por dentro. «Estamos en medio de una transformación global rápida y constatamos un cambio de actitudes», afirma Michael Hastings, socio responsable global de RSC de KPMG, firma a la que representa en el Global Corporate Citizenship International Committee del Foro Económico Mundial y en el World Business Council de Desarrollo Sostenible y que le otorga carácter de gurú en el tema.

Las empresas están cada vez más involucrados en áreas como el cambio climático ya sea porque al final han caído en la cuenta de que el uso eficiente de la energía repercute en el bolsillo (una reducción de costes se traduce en mayores beneficios), porque el compromiso medioambiental es firme, o las dos.

Ha llegado el momento de averiguar si la Responsabilidad Social Corporativa era una mera herramienta de marketing o realmente los compromisos medioambientales de las empresas son firmes. «La RSC es una cuestión de supervivencia, ¡no de salir bien en la foto!», afirma convencido Hastings.

Nueva cultura de valores

Las grandes compañías están peleando por empujar a los Gobiernos a aprobar un marco regulatorio estable, para que haya un mercado global de carbono y unos objetivos que puedan ser revisados a corto plazo.
Pero Hastings cree que «los gobiernos no sólo deben legislar, sino también articular y crear una cultura basada en valores. Es necesario que la honestidad e integridad presidan, nuestra forma de actuar y de hacer negocios. Las empresas tienen que creer en esto porque si no, no habrá avances sustanciales».

Otra de las posibilidades sobre la mesa es que las empresas realicen acuerdos nacionales por sectores para limitar la emisión de CO2. Los expertos evalúan si un compromiso de todo el sector cementero o del de automoción podría ser más efectivo. «Aunque parte de la voz cantante la lleven los sectores, en detrimento de los acuerdos gubernamentales, la interdependencia de éstos hará que, finalmente, muchos estén implicados en la lucha contra el cambio climático. Por ejemplo, en el caso del sector de la distribución, se reducirán las bolsas de plástico, cambiarán los modos en los que se provean de energía e incluso cómo transporten sus productos. En este caso, no sólo estaría implicado el sector de la distribución, sino también el energético, el de los fabricantes de aviones, etc», explica este experto de la RSC.

«Lo importante no será quién alcance un mejor acuerdo en relación a las emisiones, sino quién va a desarrollar proyectos innovadores en relación a la gestión de energía (solar, eólica, etc.), gestión de residuos, transporte, etc.».

Novedades en la cumbre

Obama abrió fuego. La recogida del premio Nobel de la Paz en Oslo el 10 de diciembre, le permite pasarse por la cumbre el miércoles 9, cuando el programa y la agenda queden paralizados por su presencia. El compromiso que trae ha tenido un efecto dominó en el resto de las economías globales. Tras el anuncio de que la Cámara de Representantes norteamericana había aprobado el anteproyecto para limitar las emisiones de dióxido de carbono, Rusia, China o India, espectadores en Kioto, han elaborado acuerdos inimaginables hace tan sólo un par de años.

Las buenas noticias no acaban ahí. Los más optimistas afirman que Barack Obama podría llegar a Dinamarca con un acuerdo sobre el comercio de derechos de emisión en Estados Unidos. Mientras ahora sólo existe para cuatro Estados, la nueva norma extendería este mercado en todo el país, llegando a implicar a los 50. Un avance sustancial y de incalculable valor para el devenir de la conferencia.

En el aire flota la fórmula «acuerdo político no vinculante», como pacto para Copenhague. No es mucho, pero constata un cambio de mentalidad. «Los escépticos del cambio climático deberían mudarse a otro planeta», afirmaba en una entrevista Rajendra Pachauri, Presidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU.

El mundo atiende expectante y hay esperanzas para creer que gobiernos, organizaciones internacionales y empresas han recogido el sentir de una sociedad que se plantea si un mundo más limpio es posible y si podemos cambiar el legado para las futuras generaciones.

FUENTE: ABC

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