Innovar, una cuestión personal, y de todos

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01/06/2016
Por: Miguel de Bas. 
Reflexiones ante la Jornada: La Innovación, una cuestion personal 

El futuro de la Función Pública ya no está tan claro como hace 50 años o 10 años. La sociedad está en una rápida transformación, un cambio de era, de la mano de las tecnologías, la socialización, la participación, el dato y la Innovación.

La Innovación es una amenaza para la Función Pública, para la continuidad de las administraciones como hoy las conocemos.

Pensemos en los puestos de trabajo que la tecnología va a ahorrar en muchos de los servicios públicos y sobre todo en los de administración y gestión.

Pensemos solo en una capacidad de los sistemas de prever y gestionar en base a la información disponible a través del Big Data y la Analítica de Negocio, gestionando a gran velocidad la ingente cantidad y variedad de datos de las administraciones, chequeando su veracidad y con la potencia del Cloud. La gestión se automatizará, las subvenciones se autogestinarán, los presupuestos se confeccionarán solos en base a la información disponible y predictible y a los parámetros de cálculo. Solo será necesario decidir los criterios y los coeficientes a aplicar en muchos casos. El talento será entonces el mayor valor diferencial de las personas.

En una Administración del Conocimiento gran parte de lo que no exija relación personal y física se gestionará sin la participación de empleados y responsables públicos.

Esa es una realidad como la del cambio climático. Este último viene poco a poco y nos obliga a concienciarnos de los riesgos, cambiar hábitos y tomar decisiones.

Mirando el mundo empresarial y como dijo Pierre Nanterme, CEO de Accenture, “Lo digital es la principal razón por la que la mitad de las compañías del Fortune 500 haya desaparecido desde el año 2000”. ¿Hay alguna seguridad de permanencia a toda costa del actual modelo de administración?

La Administración del Conocimiento vendrá sola, a pesar de nosotros y será más pronto que tarde y sus efectos se harán notar para muchos de los que están hoy en la Administración.

Frente a esta predicción, posiblemente cierta aunque no la queramos ver, la Innovación puede ser el gran aliado de la Función Pública y de las Administraciones pero también de todos y cada uno de las responsables públicos.

Pero para conseguir ese efecto positivo es necesario empezar a aliarse con la Innovación, hoy, no mañana cuando el riesgo sea inminente, y desde los altos responsables de cada administración a los de cada área y equipo.

Pensemos si los servicios que hoy prestamos serán los mismo dentro de 10 o 15 años. Reflexionemos si los ciudadanos a los que servimos van a aceptar que los servicios se presten como hasta ahora o bien van a exigir que se presten de otra forma o se sustituyan por otros más adecuados a sus necesidades reales y no a las de sus responsables públicos. Hagamos cuentas de si se podrán seguir financiando las estructuras actuales de tantos niveles de la administración.
Hay que empezar a escuchar y observar a los ciudadanos, conocer las tecnologías y buscar y proponer los servicios y las formas de gestión del futuro.

Porque no sabemos atisbar la magnitud del cambio. Pongamos un ejemplo aunque sea inicialmente absurdo. Igual que se ofrece como gran avance la libre elección de médico al ciudadano, igual algún día se ofrezca la libre elección de administración al ciudadano y resulte que nos quedamos sin ciudadanos (pacientes) porque otras administraciones son más competitivas, más afines a lo que se necesita realmente. ¿Cómo justificaríamos nuestra existencia como administración? ¿La de nuestros equipos y tareas? ¿Quién nos sustituirá? ¿Es totalmente seguro e inamovible en el tiempo, en un mundo en cambio, el paradigma ciudadano – territorio – administración territorial?

Si hoy empezamos a pensar en el servicio del futuro podremos transformar una Administración que va camino de su propia obsolescencia hacia una administración nueva que se justifique a sí misma por la propia calidad y valor para el ciudadano por la prestación de los servicios que este necesita.

Este cambio de mentalidad, esta nueva actitud hacia la responsabilidad, necesaria para la supervivencia en una administración transformada, empieza por cada uno de los responsables y empleados públicos, analizando desde cada puesto que valor aporta su trabajo y como se puede hacer mejor y más eficiente, proponiendo los cambios necesarios para la mejora o la sustitución de sus servicios.

Sin empeñarse en hacer más de lo mismo, en defender su propio puesto y competencia, sino abriendo su actuación a la colaboración, a la participación y la creatividad, aprendiendo de los líderes del cambio, compartiendo conocimientos y servicios con quienes tienen problemas similares y buscan y plantean nuevas soluciones, interactuando con otras personas y administraciones, aplicando nuevos parámetros, evaluando las mejoras, asumiendo riegos razonables, y todo ello siendo parte de una renovada organización que necesariamente sea más abierta al cambio, que aplauda la actitud innovadora, premie las mejoras y piense a largo plazo.


De cada uno depende su futuro y el de una sociedad mejor para todos.
El mañana del puesto de cada responsable y empleado público puede estar empezando hoy. Atrévete a Innovar.

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