Antonio Diaz MéndezDirector General de Descentralización y Acción Territorial en el Ayuntamiento de Madrid.

La Cooperación Público-Social en Madrid: caudal de innovación pública

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PUBLICADO EN: ADMINISTRACIÓN INTELIGENTE.ORG

Hace casi dos años que no escribía en el blog. Os costará creerlo pero confieso que no he tenido tiempo, tanto por la intensidad como a veces por la dificultad del trabajo. Es un lujo poder trabajar en el Ayuntamiento de Madrid, el primer ayuntamiento de España, pero he de reconocer que he encontrado un nivel de exigencia y presión que nunca antes había conocido. En esta y en próximas entradas iré relatando y compartiendo resultados de esta vibrante y apasionante experiencia de gestión del cambio, que comienzo retomando algo que ya habíamos anunciado: la cooperación público social.

El pasado mes de mayo el Ayuntamiento de Madrid aprobaba la “ordenanza de cooperación público social”, proyecto largamente trabajado,  anhelado  y acariciado por el área de Gobierno de Coordinación Territorial y Cooperación Público-Social y su concejal Nacho Murgui.  Se trata probablemente de una de las innovaciones de mayor calado aportadas por el gobierno de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid de cuyo equipo me honra formar parte como directivo.  Por tanto en esta entrada ya adelanto que mi narración no es neutral, sino  “parte interesada” e implicada desde su origen con el proyecto, junto a otros compañeros y compañeras. Espero hacerlo no obstante con la distancia adecuada.

Trataremos de explicar en 5 claves la necesidad a la que responde este impulso innovador:

  • Cambio de época. Vivimos  en pleno torbellino, en la cresta de la ola de un cambio de época donde enfrentamos grandes y pequeños problemas para los que no tenemos ni solución ni en muchas ocasiones capacidad de respuesta desde las  instituciones.  Como bien señala el profesor F. Longo, enfrentamos cada vez más, problemas “divergentes y adaptativos”. Tanto las  grandes cuestiones globales  (migraciones, cambio climático, empleabilidad de los parados mayores  o de larga duración,…), como algunos problemas cotidianos  y acuciantes (el cuidado de algunas zonas  muy vulnerables en las ciudades ), no encuentran soluciones estructurales previamente protocolizadas, ni mucho menos ágiles ni inmediatas, probablemente porque no existen.  Como bien señala Longo:

“¿Será el elefante burocrático sensible a estos movimientos de fondo en el ecosistema? …… Aventuraremos un pronóstico: el sector público del futuro tendrá que ser, probablemente, más inteligente, más diverso y descentralizadoy más colaborativo.

El primer reto es reducir el déficit cognitivo. La brecha actual entre lo que los gobiernos y sus organizaciones saben y los desafíos que afrontan es descomunal y no para de crecer. En tiempos complejos e inciertos, la creación de valor público se relaciona más con elconocer, aprender y liderar procesos sociales que con el producir.”    

  • Beneficio mutuo. Nos movemos en un escenario de gobernanza compleja, con múltiples actores individuales, colectivos e institucionales, públicos y privados, donde casi nunca uno solo tiene la solución y donde la iniciativa de la sociedad y el mercado van habitualmente por delante de las propias instituciones.  Aunque es difícil –o a veces imposible- dar soluciones simples a problemas complejos, la sociedad civil avanza respuestas donde las instituciones aún no han llegado y necesita de la cooperación.

Dicho a la manera de R. Sennett , se trataría de buscar la política de cooperación, que define como “Un intercambio en el cual los participantes  se benefician del encuentro”, diferenciando y matizando los límites de la participación y la autoconstrucción.

  • Existe una ciudadanía activa, muchas veces dispuesta a colaborar de forma voluntaria, activa y activista, si se ponen los instrumentos para ello sobre esos “bienes comunes” sobre los que ha teorizado la premio Nóbel  Elinor Ostrom .  Hay un voluntariado social que tradicionalmente se viene implicando y un fuerte “sentimiento comunitario” en la sociedad española que se muestra permanentemente en todas las encuestas. Por otra parte hemos vivido el  impulso innovador y regenerador que supuso el 15-M , que aún mantiene buena parte de su aliento y está vivo tanto en sectores importantes de jóvenes, como en algunos grupos de mayores (jubilados de clase media en muy “buenas condiciones”).  Aquí se encuentra una base principal de lo que estamos llamando  Cooperación Público-Social.
  • Existen unas organizaciones sociales, sin ánimo de lucro, cuya razón de ser  es muy coincidente con la misión de las propias instituciones. Estas organizaciones de la sociedad civil  son más agiles que las propias administraciones, mejores conocedoras del territorio donde operan -porque llevan mucho tiempo haciéndolo-   y perfectamente sintonizadas con las necesidades de los colectivos con los que trabajan y que constituyen su razón de ser.  Muchas de estas organizaciones no lucrativas, asociaciones o federaciones muestran mayor capacidad de innovación que las  burocracias públicas. La necesidad de supervivencia las ha obligado a funcionar con estrategias ágiles y adaptativas, alejadas de la burocratización institucional.

Es en esa confluencia de intereses entre la nueva ciudadanía activa y colaborativa y las organizaciones sociales, sin ánimo de lucro,  donde nace y fluye la cooperación público social.

  • Actuar rápido. La velocidad se demuestra andando y  ya existen muchos  ejemplos y experiencias de  cooperación público-social previos a la propia ordenanza y que vienen funcionando  en Madrid como la colaboración vecinal en fiestas populares o cabalgatas de Reyes o el funcionamiento de pistas e instalaciones deportivas de barrio en colaboración con entidades. Otras que se han puesto en marcha más recientemente como los Huertos Urbanoslos Equipos de Actuación Distrital, o la cesión de espacios para un uso colaborativo.

La primera gran novedad y aportación de la ordenanza es haber creado un marco transparente y público –frente a la discreccionalidad anterior- , cierto grado de seguridad jurídica a unos y otros, y unas bases reguladoras mínimas que garanticen la calidad democrática de las actuaciones y contribuyan a la eficacia social .  En definitiva,  como bien señala un joven político madrileño, “poner un poco de orden” en la selva, es a veces un avance tremendo, sobre todo para la parte débil de los actores sociales.

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